VIOLENCIA CERO
VIOLENCIA CERO. ES MI COMPROMISO DIARIO
lunes, 23 de julio de 2012
El 9 de julio, mantuve un extenso y muy enriquecedor reportaje con el muy conocido periodista Victor Hugo Morales para Radio Continental AM590, en el cual se hablé de la historia, características y de la amplia gama de servicios que presta la Fundación en defensa de las víctimas de violencia de género y de violencia doméstica....
domingo, 15 de enero de 2012
MADRE, HIJOS
Enloqueció cuando se dio cuenta de que ya todo estaba perdido, más perdido que en la etapa terminada de un matrimonio violento.
Ojo por ojo. Cambio radical de figuritas.
Cuando ellos comenzaron con los golpes, ella se fugó entre la melodía de mil versos sencillos y orgullosos. Ella dejó que los golpes entristecieran su cuerpo. Ella dibujaba círculos con el pie; entre la arena húmeda y el cielo azul profano, imaginados para no llorar.
¿Cómo se podía caer ante tanta dulzura de manitos que, en otro tiempo, se ensuciaban con dulce de leche? Ahora, eran serpientes, que golpeaban con enjundia.
Cuando la juventud se tiró sobre el sillón, ella quiso refugiarse en la imaginación misma del sacrilegio, azul y verde, ufano y maravilloso.
Cosa de adolescentes.
Angustiados y precisos.
Parecidos o infectados.
El silencio se veneraba en la mansión de la suciedad escondida, detrás de la máscara invertida de la verdad.
La claridad se apreciaba después de vivir, muchos años de oscuridad. Nunca se vio la luz. Nada se podía comparar con la compañía de los herederos. Una tortura cotidiana.
Faltas y mediocridades. Combinadas con el agravio lento y genuino.
Intercambio de palabras horribles y proclives a la destrucción mamada desde el vientre.
Cosa que no podía ser resuelta a través de nadie más que ellos mismos. La única, fue ella, que sólo quiso sucumbir en el intento, sin poner restricción. Eran sus hijos.
Juego de gusanos dispuestos a matar al otro. Cretinos y esporádicos.
Soy el otro. Acostumbrado al descanso mortuorio de la solución violenta.
Herencia maldita. Herencia vivida.
Actitud compartida.
Resignación.
martes, 9 de agosto de 2011
Miradas
Miradas. Insultos.
Impacto.
La luz se esconde entre los azulejos, testigos callados de los golpes.
La ilusión de encontrar un hueco, donde esconderse, se esfuma con los gritos.
Lo espontáneo se hace piedra.
La frescura, sólo se percibe en las flores marchitas del jardín.
El miedo es protagonista, comparte ese rol con la culpa.
El llanto se escabulle entre las palabras no dichas.
La soledad ocupa todo el espacio.
La historia se desarrolla adentro. Entre las paredes salpicadas de negaciones.
Palabras contradictorias, acusadoras, destructivas, dulces, pegajosas, punzantes, agrias, certeras, incomprensibles, ácidas, hermosas, esperanzadoras, hipócritas, sensuales, únicas, aprendidas, olvidadas, recurrentes, rojas, perfectas, mal terminadas, lineales, ajenas, amables, amorosas.
Palabras vacías.
“Perdón. No pasará nada”.
“Me caí, soy muy torpe”.
“Fui yo. Fue sin querer”.
“¡No servís para nada!”
“Estúpida”.
“Arrodillate”.
Ruidos. Golpes secos.
Gemidos silenciosos.
Súplicas mezcladas con rezos.
Más golpes.
Más gritos.
Sin freno con ensañamiento.
Pausa indigna.
Luces de hospital.
Camillas, gasas. Sangre.
Palpitaciones, preguntas. Silencios.
“Cuando me golpea es el único momento que me mira”.
Graciela Santos
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